Anatomía de la belleza de la cotidianidad
- Alejandra Nicolau
- 19 sept 2025
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 20 sept 2025
Este post es un cúmulo de experiencias sensibles que se fueron expandiendo dentro de mi espíritu estético - si es que existe algún concepto así- pero como todas las cosas que se van acumulando indiscriminadamente dentro de cualquier recipiente, finalmente encontraron su devastador fin y salieron disparadas. En este caso, decidí agarrar un poco de estas experiencias, de mi pasado reciente y escribirlo por este medio -Ya me estaba recordando la aplicación del blog que hace más de seis semanas que no escribo, absolutamente nada-.
La descripción del concepto de belleza es posible, -no la considero subjetiva y creo que es definible, desde cada una de nuestras prácticas-, solo que sí debemos de contextualizarla en una cultura, sociedad y en la historia. A veces, el individuo como perteneciente a un grupo pudiera tener la falsa ilusión de tener un gusto único y particular, pero la mayoría de los productos estéticos que consumimos fueron pensados para nosotros, - me hizo recordar aquella icónica frase del <<Diablo viste a la moda>>-.
De cualquier modo, nuestra personalidad puede ser clasificable en categorías de consumo, - o por motivos de redención al arte-, categorías de recepción emocional. -También, me declaro humildemente no capacitada para andar inventando palabras, pero es meramente un ejercicio narrativo-.
Les cuento brevemente una experiencia personal, hace algunos años, viví en un lugar donde mis experiencias estéticas, eran casi igual a 0, por lo que mi corazón y mi espíritu estaban cada día más grises. Yo he vivido casi toda mi vida en el Valle de México y la verdad es que aquí no te hace falta nada -hablando de experiencias culturales-. La comida es maravillosa, vivo a lado de un mercado <<hay de todo>> que es vastísimo y que se pone todos los lunes, los edificios históricos no tienen comparación, hay bibliotecas públicas, librerías, ferias del libro, mercados de libros, de flores, quesadillas en cada esquina, es -simplemente maravilloso- y bueno, <<ingenuamente>> se me ocurrió irme a un pueblo de la frontera en Estados Unidos donde solo hay un mall con la mitad de los negocios cerrados, grandes avenidas que son imposibles de caminar y un Target.
En este -mall- , a medio cerrar, había una librería, donde me refugiaba la mayoría de mis fines de semana, aquí encontré un libro en la mesa de los descuentos, que se llama -Little pieces of hope. Happy-making things in a difficult world-. Bien dicen que los libros te escogen a ti, lo cual es muy gracioso porque le regalé este mismo libro a una amiga y ella lo olvidó, por lo que creó que no se quiso separar de mi todavía, - Si, es que creen en esto-.
Bueno, este es un libro muy lindo, es interesante y particular, tiene frases, canciones, escenas de películas y libros, pero sobre todo comparte muchos momentos de la cotidianidad, los cuales te recuerdan lo maravillosa que es la vida. En ese momento <<gris>> el libro me ayudo mucho, ya que a pesar de vivir en un lugar con pocos elementos de mi cultura, me permitió recordarlos y revalorizarlos.
Les comparto algunos de esos momentos:
El momento en que se rompe la piñata
Una nueva película de Wes Anderson, o mejor para mi de Guillermo del Toro
Cumplir tu palabra
Que alguien te lleve -de caballito-.
Cerrar los ojos y acordarte de la primera vez que leíste tu libro favorito
Ver las películas de Indiana Jones, o las de Volver al Futuro.
Por lo tanto, la belleza de la cotidianidad, es todo esto, son todos esos momentos que parten de ti; de tu cultura, tu infancia, tu personalidad, tus gustos, - de mi infancia, recuerdo mucho los frutsis rojos congelados, son aún mis favoritos-. Todos estos recuerdos no están aislados, conllevaban un sentimiento, una emoción y casi siempre una experiencia estética.
Encontrar la belleza en la cotidianidad, es olvidar los cánones clásicos, la fotografía artística en blanco y negro, es simple y llanamente emocionarte por la variedad de frutas y verduras de los mercados de México, por la increíble comida que aún se cocina en cazuela de barro, -muero por un arroz rojo, con sus chicharos perfectamente colocados aleatoriamente- entre otra infinidad de cosas. Es también apreciar lo más cercano, lo que vemos cada día, en cada ida al trabajo, o cuando caminas por las calles de tu pueblo.
Ya por último y para entender con muchísima más claridad a que me refiero con la belleza de la cotidianidad, les recomiendo ver la película de <<Perfect Days>> (2023) de Wim Wenders, es una película bella, sencillamente extraordinaria, en donde el personaje elige conscientemente encontrar la belleza dentro de su rutina diaria y para mi el final de esta película es una de las mejores experiencias cinematográficas que he podido conocer -reconocí una sensación agridulce de nuestra vida humana- .




Este tipo de textos resulta atractivo porque rescata lo que muchas veces se da por sentado: que lo cotidiano tiene belleza, textura, sentido. En arquitectura y restauración, observar lo ordinario (muros, detalles, objetos comunes) puede abrir la mirada hacia lo que vale la pena conservar o enfatizar. Me gustaría que el artículo profundice con ejemplos arquitectónicos concretos de “belleza cotidiana”, quizá con fotografías comparativas o ensayos visuales.
Me gustó mucho cómo habla de encontrar belleza en lo cotidiano y en los espacios que muchas veces pasamos por alto. Creo que en arquitectura solemos enfocarnos en lo monumental o en lo nuevo, pero este texto me hizo pensar que lo simple también tiene valor estético y emocional. Los materiales envejecidos, la luz natural o incluso el uso diario dejan huellas que forman parte del carácter de un lugar. Es una reflexión que invita a observar con más sensibilidad el entorno que nos rodea.
Deberías escribir en algún momento de tu vida no solo un post, sino un libro de todas las anécdotas y experiencias positivas y negativas que la vida te ha regalado, seguramente sería tan interesante como ese libro que te encontró en ese lugar y ese momento tan particular.