Crónica de un breve viaje a través de Andalucía
- Kevin Daniel Romero

- hace 4 días
- 7 Min. de lectura
Esta narración hace referencia a una experiencia personal realizada durante el mes de enero de 2026, en la cual tuve la oportunidad de experimentar por vez primera la sensación de recorrer a través de mis propios sentidos un país y un continente ajenos a mi propio territorio de origen, con un claro enfoque en la arquitectura y el urbanismo históricos de esta región del planeta.
El motivo de elegir España fue principalmente la cercanía cultural de este país europeo, que está ligado a la historia de México, y cuyos caminos se han influenciado mutuamente desde el siglo XVI. Entre los aspectos más visibles de esta influencia recíproca está el arte y el diseño, en particular la arquitectura y el urbanismo.
Al-Ándalus es el nombre con el que los musulmanes provenientes del norte de África denominaron al territorio de la península ibérica, la cual ocuparon del siglo VIII al XV. El centro geopolítico de ese dominio y el que tuvo mayor duración, estuvo ubicado en las tierras del sur de la península, en parte dentro del territorio que actualmente corresponde a los límites de Andalucía. Una vez finalizada la reconquista de la totalidad de esta región por parte de los grupos cristianos, siguió fungiendo como un área de vital importancia para el naciente imperio español.

Para conocer de primera mano el punto de origen de esta expresión cultural, decidí recorrer el suelo andaluz a través de 3 de sus centros urbanos más influyentes históricamente hablando, que en la actualidad son de los que concentran la mayor cantidad de visitantes. Adicionalmente, estas 3 ciudades cuentan con sitios y monumentos reconocidos como Patrimonio Mundial por la UNESCO, lo que denota su valor universal excepcional. Se trata de las ciudades andaluzas de Granada, Sevilla y Córdoba.
Granada es la primera ciudad que recorrí en Andalucía. Esta ciudad fue el último bastión del dominio musulmán en la península ibérica, por lo que existen bastantes elementos propios de esta cultura presentes en sus calles y sus edificios. El sitio monumental más famoso de Granada y uno de los más visitados de España es la Alhambra, una ciudadela amurallada dentro de la propia ciudad, ubicada sobre una colina. Era aquí donde se concentraban las viviendas de los gobernantes y los espacios más lujosos de la ciudad.
El recorrido realizado por Granada inició caminando desde la estación de autobuses, ubicada en las afueras de la ciudad, un área con arquitectura contemporánea, hasta la zona central del trazado urbano granadino, destacando la Gran de Vía Colón como uno de los ejes urbanísticos más importantes. La arquitectura de esta zona de la ciudad es una mezcla de diferentes estilos y épocas, resaltando por su monumentalidad la Catedral, de estilo renacentista.
Continuando el recorrido, me fui dirigiendo hacia el norte en la pendiente septentrional del Río Darro. Aquí es donde se ubica El Albaicín, que es el barrio de origen musulmán donde vivía la mayor parte de la población durante la época de esplendor islámico. Este barrio está caracterizado por sus callejones empedrados zigzagueantes en pendiente y sus casas de color blanco en su mayoría, con tejados color terracota. Este espacio es el corazón turístico de la ciudad, ya que aquí se encuentran diversos restaurantes, iglesias, cafeterías, teterías, y miradores hacia el monumento más famoso de la ciudad. El instante en el que vi por vez primera la Alhambra desde las perspectivas generadas entre las calles y plazuelas de El Albaicín fue uno de esos momentos que sin duda quedarían marcados en la memoria de cualquier viajero.

Para continuar con el recorrido hacia la Alhambra, descendí por algunas de las calles más bonitas y estrechas de este barrio hasta llegar a la calle que bordea el Río Darro para continuar ascendiendo por la Cuesta del Rey Chico hacia la colina donde se ubica la Alhambra. Después de caminar unos minutos se empieza a tener contacto con los altos muros defensivos de este sitio monumental. La característica más destacable a simple vista es la sencillez de la forma exterior de estos muros, con el predominio de ángulos rectos, adicional al color naranjoso y rojizo de su fábrica que le confiere su nombre al conjunto (La Roja en árabe).
Después de una breve incursión en el interior de la ciudadela a través de la Puerta de la Justicia, continúe bordeando los muros exteriores de la Alhambra para descender ahora por la Cuesta de Gomérez. Después de una exhausta caminata, tomé un café a la americana (shot de espresso + agua) en uno de los Starbucks más bonitos en los que había estado en mi vida.
Para finalizar este día regresé por la tarde al barrio del Albaicín, el cual mostró una cara completamente diferente con las luces y las penumbras generadas por esa tarde lluviosa de invierno. Una sensación verdaderamente mágica fue observar nuevamente la Alhambra de noche desde lo alto del mirador de San Nicolás, y descender por las callejuelas en donde por momentos llegaban a desorientar por su belleza y la necesidad de explorar esos caminos desconocidos.
Sevilla fue la ciudad que continuaba en mi itinerario, y el mayor motivo de este viaje por Andalucía. A esta ciudad capital andaluza arribé a las 6 A.M. a través de la estación de autobuses ubicada en los límites del casco histórico. De ahí caminé directamente hasta el centro de la ciudad, que es en dónde se encuentran emplazados los edificios monumentales de mayor importancia, la Catedral de Sevilla, el Real Alcázar y el Archivo de Indias, los tres en conjunto son considerados Patrimonio de la Humanidad.

La ciudad de Sevilla está estrechamente ligada al rio Guadalquivir el cual fungió en épocas históricas como vía de comunicación entre el interior peninsular y el océano Atlántico, y por ende con América. Por ello la ciudad se convirtió en el principal puerto fluvial de la península durante el siglo XVI. A diferencia de Granada, Sevilla es una ciudad completamente plana, sin embargo, el trazado de sus calles laberínticas en forma de plato roto obedece a la morfología particular del urbanismo hispanomusulmán.
Durante un día completo pude caminar sus calles, algunas muy estrechas con pronunciados quiebres y otras bastante amplias y rodeadas de viviendas y edificios históricos de altura considerable. Algunos de los espacios más emblemáticos que conocí en este recorrido a través de la urbe sevillana fueron la Plaza España, el Parque de María Luisa, el Pabellón de México de la Exposición Iberoamericana de 1929, el Metropol Parasol, conocido también como la Setas de Sevilla, entre otros.
El emblema arquitectónico de la ciudad y que le daba motivo a mi viaje por Sevilla, el cual era ver en persona un icono de la arquitectura islámica establecida en el antiguo territorio del Al-Ándalus, es La Giralda. Está torre es parte de la Catedral de Sevilla, la cual era antiguamente una mezquita, cuya torre minarete o alminar fue transformado durante la reconquista para servir como torre campanario del nuevo templo católico, el cual se convirtió en la catedral gótica más grande del mundo.
Cuando observé por primera vez La Giralda con la luz dorada del amanecer y escuché por primera vez el sonido de sus campanadas, fue como haber sentido que un sueño que tenía desde hacía mucho tiempo atrás se había vuelto realidad.
De noche, la silueta de la Catedral con sus formas góticas, extendida de forma horizontal, y la verticalidad de La Giralda a su lado, acompañados por los muros almohadillados del Real Alcázar, y el prisma rectangular perfecto del edificio del Archivo de Indias, todos ellos iluminados con luz cálida, generaban una atmósfera casi onírica. Al día siguiente me dirigí hacia el barrio de Triana, cruzando el río, para llegar nuevamente a la estación de autobuses y arribar a mi último destino.
Córdoba era el último punto de mi viaje a través de Andalucía. Esta ciudad se encuentra a poco más de una hora de Sevilla. Por razones del itinerario permanecí solamente 4 horas aquí, pero fueron suficientes para recorrer la zona con más historia de la ciudad, que es el casco histórico, y en particular, el área que rodea a la Mezquita-Catedral, otro de los monumentos cumbre del arte Andalusí.

El recorrido desde la estación de autobuses hacia la catedral es testigo de los diferentes estilos y épocas que componen la arquitectura y el urbanismo de esta ciudad, destacando sus preexistencias romanas e islámicas, entre las calles sinuosas de su centro. Al arribar a la Mezquita-Catedral, la cual abarca toda una manzana completa, es posible observar la fusión de dos épocas del esplendor cordobés, la árabe, y la renacentista.
Al acceder al recinto sagrado de este monumento lo primero con lo que me encontré fue el Patio de los Naranjos, un espacio al aire libre con el perímetro delimitado por una arcada en 3 de sus lados y el muro del templo en el 4to, en el cual se encuentra cultivada una retícula de naranjos y palmas datileras, lo que lo asimilaba a un tablero verde, naranja y marrón de piezas de ajedrez. Este oasis de colores y texturas a los rayos de la luz del sol provocaba una sensación casi celestial. La visita al bosque de columnas y arcos dobles ubicados en el interior de la mezquita, lo reservé para un futuro y necesario regreso a Andalucía.
Saliendo de este recinto fui testigo de uno de los espectáculos más memorables de mi viaje, la cosecha de las naranjas amargas, especies típicas plantadas en las ciudades andaluzas y otras regiones a lo largo del Mediterráneo. Este proceso se produce con maquinarias especiales que sacuden los árboles hasta que las naranjas caen al suelo o a lonas desplegadas para su recolección. El aroma producido por estás frutas intensamente anaranjadas, era indescriptible.
El punto culminante del recorrido fue al atravesar el amplio caudal del río Guadalquivir a través del Puente Romano, el cual se ubica a espaldas de la Mezquita. Cruzando al otro lado del rio pude recorrer algunas calles en el barrio de Campo de la Verdad - Miraflores, y obtener una de las vistas más icónicas de esta ciudad andaluza.
El regreso a la estación de autobuses fue apresurado para tomar el transporte de regreso a Madrid, a través de un recorrido por los campos andaluces, los cuales tienen como cultivo más valioso y numeroso al olivo, que en su conjunto producen una sensación de un mar verde de miles de plantas. El atardecer trajo como última muestra de esplendor un arcoíris en el cielo que acompañó el camino por varios kilómetros en el trayecto, que convirtió esa experiencia final en algo sublime.
Un poco sobre el autor*
Mi nombre es Kevin Daniel Romero Hernández. Soy un apasionado de todas las experiencias sensoriales y culturales de México, en especial de la arquitectura del paisaje y la conservación del patrimonio histórico. He tenido trayectorias laborales y de aprendizaje en torno a la arquitectura en ciudades como Toluca, Mérida, Ciudad de México y Monterrey.


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